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domingo, 30 de enero de 2011
China, aliada necesaria
“¿Cómo negocias con mano dura con
tu banquero?”. La secretaria de Estado
de la Administración de Obama, Hillary
Clinton, resume con una simple pregunta
-en un cable de finales de marzo de 2009-
el complicado equilibrio en el que se han
convertido las relaciones entre la primera
potencia del mundo y el epicentro de la
crisis financiera, Estados Unidos, y la gran
potencia emergente, China. Pekín tiene
unas reservas en divisas de unos 2,7 billones
de dólares; tres cuartas partes de esa cifra
están invertidos en activos denominados
en dólares, y casi un billón de dólares (algo
así como todo lo que produce España en
un año) directamente
en deuda pública
n o r t e ame r i c a n a .
Con esos
números, cualquier
movimiento puede
ser tremendamente
d e s e s t a b i l i z a d o r.
Pero en lo peor de
la crisis financiera,
Pekín garantizó a
Washington que no
iba a cambiar su
política de compra
de deuda pública
n o r t e ame r i c a n a
(cable 197984, del 20
de marzo de 2009).
Lo contrario podía
haber causado un
desaguisado en EE
UU, en China y en
todo el mundo. Un
gesto de desconfianza
hacia la deuda
estadounidense hubiera podido perturbar
aún más la precaria estabilidad de los
mercados en plena resaca de la quiebra
de Lehman Brothers. Pero a la vez hubiera
ido en contra de los propios intereses
económicos de China: un movimiento
brusco en torno a la deuda estadounidense
podía haber provocado una debacle del
dólar, con las consiguientes pérdidas
en la cartera de inversiones china y la
correspondiente sacudida en los mercados
globales. El embajador estadounidense,
Daniel Piccuta, aseguró que a la luz de
varios contactos al más alto nivel “es
poco probable que Pekín tome decisiones
drásticas”. Una recomposición de su cartera
“podría provocar pérdidas significativas y
fuertes críticas, externa e internamente”.
Eso sí, el apoyo motivó un “intenso debate”
entre los dirigentes chinos sobre la compra
de bonos estadounidenses.
El nerviosismo en los meses posteriores a la
caída de Lehman Brothers se hizo patente
en unas declaraciones públicas del primer
ministro chino, Wen Jiabao, que el 13 de
marzo de 2009 se declaró “preocupado” por
el sistema financiero estadounidense ante la
enorme exposición de China a la economía
norteamericana. A esa declaración le siguió
un alud de cables de la embajada en Pekín para
tratar de desentrañar las palabras de Wen y de
asegurar la estabilidad financiera en un momento
crucial de la crisis. La conclusión del embajador
Piccuta es contundente: “La preocupación de
Wen no implica que [China] vaya a tirar a la
basura sus bonos”.
Obama y Hu Jintao, los grandes
Las relaciones entre Estados Unidos y China
han experimentado movimientos pendulares en
los últimos meses, tras el prometedor arranque
que supuso la llegada de Barack Obama a
la presidencia estadounidense. Obama y el
presidente Hu Jintao se han reunido varias
veces, tanto en el G-20
como en la cumbre
de la APEC o en los
encuentros del Consejo
de Seguridad de la ONU.
Por primera vez en
décadas, un presidente
norteamericano hizo
una visita de Estado a
China durante el primer
año de su mandato.
Hillary Clinton se estrenó
también con un viaje a
Asia en el que pasó por
China. Y sin embargo,
lo que al principio
parecía una luna de
miel se ha trocado en
momentos puntuales
de nerviosismo y
desconfianza de los que
dan buena cuenta una
treintena de documentos
analizados para esta
información.
A la postre, China secundó a EE UU cuando la
economía estadounidense más lo necesitaba.
Pero nada es gratis: Pekín también ha
presionado a la Administración de Obama, ha
exigido contrapartidas. En septiembre de 2008
reclamó al embajador “informes regulares y
pormenorizados sobre el desarrollo de la crisis
financiera”. Entonces ya algunos miembros de la
cúpula económica china acusaban a EE UU “de
exportar el coste de su recuperación al resto del
mundo”. En los momentos más duros, el banco
central insta a EE UU a “estabilizar el sistema
financiero”, y para ello ofrece la colaboración
de China a través de su nivel de reservas. Tong
Daochi, director del regulador bursátil, pregunta
incluso si la Administración de Obama “será
receptiva a la toma directa de participaciones
en firmas financieras” (cable 171048). Al cabo,
la Gran Recesión es el tablero de ajedrez en el
que puede acelerarse el cambio en la correlación
de fuerzas de la economía mundial. Estados
Unidos pierde fuelle, al menos desde el punto
de vista económico. Y China, el “banquero” de
EE UU -en palabra de Clinton-, va aferrándose
al mango de la sartén.
A medida que las turbulencias
se alargan, hay varios
momentos tensos. China tiene
dudas sobre la gestión de la
crisis de Washington: teme
una monetarización del déficit
a través de la inflación o de la
devaluación del dólar. En otras
palabras, teme que Washington
rebaje artificialmente el valor de su deuda con
una rápida subida de la inflación o imprimiendo
dólares para depreciar el tipo de cambio.
El nerviosismo alcanza su punto más alto
cuando China presiona a Estados Unidos con
la posibilidad de cambiar su política de compra
de bonos tras una venta de armas a Taiwán -a
finales de enero de 2010- por valor de 6.400
millones de dólares. La venta de armamento a
Taiwán “aumenta la dificultad de explicar a los
ciudadanos las políticas de apoyo [a EE UU]”,
asegura al embajador estadounidense Liu
Jiahua, un ejecutivo de SAFE, la agencia que
administra las inversiones chinas en el exterio.
Posteriormente, Obama se reunió con el Dalai
Lama en la Casa Blanca: más tensión.
Los tira y afloja constantes son ilustrativos
de una relación entre una superpotencia
en apuros y una potencia
ascendiente que cada vez
asume un rol más importante.
Todo ello condicionado por
las amplísimas relaciones
económicas entre Pekín y
Washington, que impiden
medidas drásticas porque
cualquier ataque tiene
sensacionales contrapartidas
en ambas economías.
Estados Unidos ha presionado con dureza
a China para que revalúe su moneda y ha
amenazado con represalias comerciales. China
apenas lo ha consentido. Se resiste a dejar flotar
el tipo de cambio del yuán ante el temor de que
eso perjudique sus exportaciones, y el fuego
cruzado sobre la moneda se ha convertido en
“un problema político para ambos lados [EE
UU y China]”, según un cable del 10 de febrero
de este año.
Las presiones funcionan en ambas direcciones.
El vicepresidente Wang Qishan presiona al
embajador para que Estados Unidos “proteja
los intereses chinos” (cable 197984). Y a su vez,
el embajador trata de que la reforma financiera
(la liberalización del sector financiero) siga
adelante en China.
Los documentos ponen de manifiesto el papel
cada vez más notable asumido por China
durante toda la crisis financiera, como reconoce
el embajador Piccuta en varias ocasiones. Más
adelante, Pekín ha dado buena muestra de su
compromiso como superpotencia emergente
en el tablero europeo.
El último episodio de turbulencias en Europa
refuerza ese papel de China como ventanilla
de última instancia: de nuevo en lo peor
de la crisis de la deuda europea, China ha
realizado grandes inversiones y ha comprado
bonos griegos, portugueses y españoles para
estabilizar los mercados.
“Vamos a seguir prestando ayuda a algunos
países europeos para que superen sus
dificultades”, aseguró el primer ministro chino
Wen Jiabao en una visita a Europa el pasado
octubre.
China al rescate: suena raro, pero es el nuevo
mantra de la geopolítica económica.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Ten$iones cambiaria$
Después de iniciar una temprana recuperación,
el crecimiento mundial ha perdido fuerza
en los últimos meses, arrastrado por la
desaceleración de EE.UU., Japón y la Zona
Euro, a excepción de Alemania. En contraste,
los países emergentes, liderados por China,
India y Brasil, siguen creciendo con fuerza y
están sosteniendo el crecimiento mundial.
En EE.UU., la FED se apresta a introducir
nuevas dosis de relajo cuantitativo, para
evitar que la desaceleración incremente aún
más la tasa de desempleo y que se genere
un costoso proceso deflacionario. Con
esta política, la FED pretende aumentar las
expectativas de inflación, reduciendo así las
tasas de interés reales de largo plazo para
incentivar la expansión del gasto interno.
En economías con tipos de cambio flexibles,
como la de EE.UU., un efecto directo de este
tipo de políticas es una depreciación del
dólar contra las monedas de los países con
igual sistema cambiario, a través de los flujos
de capitales hacia estas economías. Esta
depreciación del dólar implica un aumento
del tipo de cambio real de los EE.UU. si se
mantiene la inflación controlada, incentivando
las exportaciones netas y facilitando la
reducción del déficit de cuenta corriente.
Pero esta política monetaria, dada la
importancia de EE.UU. en la economía
mundial y en los mercados de capitales,
crea repercusiones no menores. Entre las
monedas que experimentarían importantes
apreciaciones con respecto al dólar están el
euro, el yen, el dólar australiano y una serie
de monedas de países emergentes.
Entre los países emergentes, la apreciación de
las monedas es más pronunciada en aquellas
economías que son más “atractivas a los
flujos de capitales”. Estos son los países con
fundamentos sólidos, que crecen con fuerza y
que experimentan aumentos en sus términos
de intercambio. Los flujos de capitales
plantean a las autoridades de estos países un
problema diametralmente opuesto al de los
países avanzados: necesitan administrar la
bonanza manteniendo la inflación controlada,
evitando la formación de burbujas en precios
de activos, preparándose para una eventual
reversión en los ingresos de capitales cuando
EE.UU. inicie su proceso de normalización
monetaria, y evitando la apreciación excesiva
del tipo de cambio real.
En el caso de China, la economía crece con
fuerza y la inflación está en alza, y dada su
política cambiaria de paridad casi fija al dólar,
también está sujeta a la política monetaria
de EE.UU. Pero a pesar de mantener tasas
de interés bajas, China recibe importantes
flujos de capitales, una parte a través de
sus superávits en cuenta corriente que los
absorbe acumulando cuantiosas reservas.
En su afán de evitar la apreciación del yuan,
China fuerza a los países con tipo de cambio
flexible a sufrir una parte desproporcionada
del peso del ajuste. Esto tiene además otros
efectos, ya que al mismo tiempo el yuan
se deprecia respecto de las monedas de
otros países que compiten en los mercados
internacionales con los productos chinos. ¿El
resultado? Tensiones comerciales con países
de Asia emergente y otros, que se suman a
las ya existentes con EE.UU.
Pero China, con su política monetaria y
cambiaria, también se crea problemas a sí
misma, provocando un sobrecalentamiento
que se manifiesta en una aceleración de la
inflación y fuertes aumentos en los precios de
las propiedades.
Afortunadamente, las opciones disponibles
de manejo macroeconómico y financiero son
variadas. En países donde los excesos de
capacidad ya han desaparecido (Australia,
Canadá, China, India, Argentina, Brasil, Perú y
Uruguay) o están pronto a desaparecer (Chile,
Nueva Zelandia y Colombia), lo apropiado es
usar una combinación de políticas fiscales
y monetarias más restrictivas, poniendo
más énfasis en la política fiscal, evitando
exacerbar la apreciación de sus monedas. Lo
anterior debiera reforzarse con una mejora en
la regulación y supervisión de sus sistemas
financieros. En países con problemas de
inflación y con el riesgo de formación de
burbujas (China y, en menor medida, India)
van a tener que continuar con las alzas de
tasas de interés y al mismo tiempo permitir
una mayor apreciación de sus monedas. Al
mismo tiempo, van a tener que complementar
las políticas macro con regulación macroprudencial
para evitar la formación de
burbujas en precios de activos. En países
que están menos integrados a los mercados
internacionales de capitales, existe también
la opción de usar controles de capitales.
Por su parte, en los países más integrados
a los mercados de capitales mundiales hay
que estar conscientes de que los costos de
eventuales controles de capitales pueden
superar los eventuales beneficios y que
la apreciación nominal respecto al dólar
es parte de un reacomodo global de las
paridades cambiarias, con respecto a lo
cual poco se puede hacer. Lo que hay que
evitar son pronunciadas apreciaciones del
tipo de cambio real, por sus efectos en la
competitividad de los sectores transables. A
su vez, este es el momento para acelerar la
introducción de reformas que permitan reducir
los costos de hacer negocios, aumentando la
productividad de la economía como un todo y,
especialmente, de los sectores más afectados
por la depreciación mundial del dólar.
Finalmente, en este tipo de países,
entre los cuales se encuentra Chile, es
fundamental mantener las expectativas de
inflación ancladas y la flexibilidad cambiaria,
complementando esto con acumulación de
reservas internacionales en algunos casos,
para así estar preparados ante una eventual
reversión en los flujos de capitales.
FUENTE : Edicion Impresa pag 13- Nov 26-2010
Estamos como el Tercer Mundo?
Cuando el republicano George W. Bush
derrotó al demócrata Al Gore en las elecciones
presidenciales por un puñado de votos en
el Estado de Florida y las máquinas que
contabilizaban sufragios se empeñaban en no
funcionar, tuvimos ya uan primera intuición de
que no es oro todo lo que reluce y que el Tercer
Mundo se agazapa en los más insospechados
enclaves del mundo desarrollado. Pero un
reciente estudio sobre desigualdad económica en
Estados Unidos va mucho más lejos: la primera
potencia mundial es un país del Tercer Mundo,
aunque indudablemente super-desarrollado
Cuando el 1% más rico de la población acumula
el 20% o más de la riqueza nacional, lo que
ocurre en algunos Estados de América Central
y antiguos sultanatos asiáticos, se considera
que el reparto de la riqueza es gravemente
inigualitario, y que esas sociedades pueden ser
rehenes de graves inestabilidades sociales.
Y, según datos que corroboran autoridades
del Departamento de Estado norteamericano,
si en 1976 -año de la elección del demócrata
Jimmy Carter a la presidencia- ese 1% de
lo que un vocabulario quizá de otro tiempo
llamaba plutocracia, poseía el 9% de la riqueza
del país, en 2009 ese mismo areópago de
super-privilegiados barre para casa un 24%.
Seguramente no es casualidad que en medio
de ese periodo haya transcurrido el auge y
apenas caída del neoliberalismo en todo el
mundo occidental.
En un estudio elaborado por profesores de dos
universidades privadas de Estados Unidos,
Cornell y Vanderbilt, y la European University
Institute se llega, en ese mismo contexto, a
llamativas conclusiones. En aquellas regiones
norteamericanas donde la desigualdad es mayor
también ha sido en estos últimos años más
grande el número de quiebras financieras, y, para
confort de la moralidad clásica, es igualmente
mayor el número de divorcios.
Y, con todo ello, ha de parecer extraordinario que
con semejante cuadro de apropiación de tantas
riquezas por tan pocos, cobre fuerza en Estados
Unidos el movimiento contra la ley de Seguridad
Social, aprobada este año por el presidente
norteamericano, el demócrata Barack Obama.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Empleo y consumo Las claves de la reactivación
Las especulaciones sobre la posibilidad de una nueva recesión económica se han convertido en casi obsesión para los mercados financieros. Al banco central de EEUU, la Reserva Federal, le preocupa que la economía estadounidense vuelva a caer en picada. Sin embargo una nueva caída de la economía será un mal punto de partida. Como el economista keynesiano Robert Reich, que desempeñó el cargo de Secretario de Trabajo durante la presidencia de Bill Clinton, dijo: “Todavía nos encontramos en una inacabable montaña rusa. Hay más gente sin trabajo este año que el año pasado, contando a todo el mundo, a las personas que no tiene esperanza de encontrar trabajo y a las que continúan buscando”.
“Nunca desde que el gobierno mide las subidas y bajadas de los ciclos económicos se había registrado una recesión tan profunda seguida de un crecimiento del empleo tan anémico. El empleo registró un ritmo de crecimiento más rápido incluso en marzo de 1933 después de que la economía empezara a recuperarse de la caída de la Gran Depresión. Por supuesto, que ese crecimiento del empleo no duró mucho. Aquella pequeña mejora no fue realmente una recuperación. La Gran Depresión continuó. Y esta es exactamente mi opinión de lo que sucede. La Gran Recesión continúa”.
Es probable que el crecimiento de la economía norteamericana en la segunda mitad del año sea inferior al 1%. La creación de empleo durante este periodo de recuperación no ha conseguido equilibrar el número de puestos de trabajo que se perdieron durante la recesión: se han creado tan sólo 650.000
trabajos durante los primeros siete meses de 2010, aproximadamente el mismo número de empleos eliminados cada mes durante la primera mitad del 2009.
El contraste entre la escasa creación de empleo en 2010 y los 8,5 millones de puestos de trabajo perdidos durante la recesión explica claramente por qué las encuestas dicen que siete de cada diez personas creen que la economía sigue estancada en la recesión.
Las condiciones del mercado laboral y el crecimiento económico implican que siga aumentando el output gap (la diferencia entre el incremento real del PIB y su crecimiento potencial medido por factores como la cantidad de trabajo y la productividad) y que la ratio empleo/ población continúe cayendo. Esta recuperación anémica junto con una tendencia a la baja de la inflación y las expectativas de inflación crean preocupación sobre si la economía podría sorprender con una significativa tendencia a la baja e incluso llegar a un estancamiento.Hace un año, cuando la economía global se encontraba en caída libre, Estados Unidos podría haber reducido la tasa de interés, manejado déficit presupuestarios del 10%, garantizado la liquidez y ayudado a las instituciones financieras. Sólo Estados Unidos dedicó 10 billones de dólares al sistema financiero. Sin embargo, si se continúa adelante las opciones son limitadas. Estados Unidos no puede manejar un déficit presupuestario de un 15 o 20% y, políticamente, el consenso para cualquier estímulo adicional ha desaparecido.
Dos años después, la economía mundial sigue siendo muy frágil. Los signos de recuperación que los políticos desesperados afirmó haber detectado a finales de 2009 y principios de este año han demostrado ser un espejismo. En Europa, los cuatro millones de personas no tienen trabajo y los programas de austeridad impuestas a los países altamente endeudados como Grecia, España, Italia, Irlanda y agregará otros cientos de miles al desempleo. Alemania es una excepción a la regla deprimente.
Aunque técnicamente los Estados Unidos no están en recesión, la recuperación es una perspectiva lejana en la mayor economía del mundo, que se contrajo un 2,9 por ciento en 2009. Este es el mensaje de la tasa de crecimiento anémico en el segundo trimestre del PIB del 1,6 por ciento y un desempleo real por encima de la tasa de 9,6 por ciento oficiales, si uno los factores en los que han dejado de buscar trabajo. Las empresas que sigan absteniéndose de invertir, los bancos siguen sin prestar, y los consumidores continúan negándose a pasar. Y la ausencia de un programa de estímulo nuevo, como el impacto de la Washington 787 mil millones dólares inyectados en la economía en 2009 desaparece, prácticamente garantiza que la temida recesión de doble inmersión será una realidad.
En el tablero estratégico: Es como jugar a la ruleta rusa con tres balas en el tambor. La combinación del cóctel guerra (intercapitalista) energético -crisis económica-crisis social va hacia un desenlace inevitable que el sistema -sin enemigo estratégico- pudo hasta ahora retrasar y patear para adelante.
¿Se suicida esta vez el capitalismo? …Apueste y pierda.
AUTOR : Lucio Agustin Torres
FUENTE : PAGINA 13 EDICION IMPRESA, SETIEMBRE 2010
Nueva Divisa
La polémica que ha surgido en los Estados
Unidos y Europa entre quienes proponen
un mayor estímulo gubernamental y los
partidarios de la moderación fiscal da
enteramente la impresión de un debate sobre
la historia económica. Los dos bandos han
vuelto a examinar la Gran Depresión del
decenio de 1930 –además, de la historia de
las crisis de deuda soberana, que se extiende
a lo largo de siglos– en una polémica que tiene
poco parecido con las polémicas habituales
de política económica.
El bando partidario del estímulo se refiere
con frecuencia al perjuicio causado por la
moderación fiscal en los Estados Unidos en
1937, cuatro años después de la elección de
Franklin Roosevelt como Presidente de los
EE.UU. y el lanzamiento del Nuevo Trato.
Según los cálculos del economista Paul van
den Noord, el resultado neto del presupuesto
de 1937 fue una contracción fiscal que
representó tres puntos porcentuales del PIB, lo
que no constituyó una cantidad insignificante
precisamente. El crecimiento económico se
desplomó del 13 por ciento en 1936 al 6 por
ciento en 1937 y el PIB se contrajo un 4,5 por
ciento en 1938, mientras que el desempleo
aumentó del 14 por ciento al 20 por ciento.
Aunque la política fiscal no fue la única causa
de la doble caída, la inoportuna moderación
fiscal contribuyó, desde luego, a ella.
Así, pues, ¿estamos como en 1936 y podría
la restricción presupuestaria prevista en
muchos países provocar una similar recesión
con doble caída?
Las malas noticias que vive la economía
tienen un claro protagonista central: las
sesgadas políticas de los bancos centrales,
que no sólo fueron incapaces de advertir
la peligrosa crisis que se cocinaba en sus
propias entrañas, sino que siempre aplicaron
las recetas equivocadas.
Revertir aquella masiva destrucción de
empleo no es tarea fácil. Y se hace aún
más difícil cuando las empresas postergan
sus proyectos de inversión ante el claro
estancamiento global.
En estos tres años de crisis ha quedado
en claro que la política monetaria no tiene
ninguna herramienta real para superarla. Toda
su magia depende de la imprenta para crear
dinero, por lo que en los buenos tiempos, no
es la responsable de la estabilidad que se le
atribuye. La única estabilidad real la genera
el empleo y en esto, la política monetaria no
hace ningún aporte. Por eso que el objetivo
único de los bancos centrales, el control de la
inflación, resultó tan nefasto.
A tres años de iniciada la crisis, y a dos años
del colapso de Lehman Brothers, las políticas
de la Fed y del BCE no han logrado neutralizar
el alto nivel de desempleo que socava el
mundo y que de acuerdo a los declaraciones
del FMI y la OIT, se encuentra en los niveles
más altos de la historia, con 220 millones de
desempleados oficiales. Y no hay planes para
que el desempleo comience a disminuir y la
demanda a aumentar. Solo grandes planes
de movimientos de dinero que se intercambia
entre muy pocas manos.
Nadie se percató de que las políticas
monetarias marchan al mismo ritmo de las
burbujas y, como es lógico, mientras esta
se infla, cumple su rol de facilitar la liquidez.
Todos son felices mientras la burbuja crece,
porque todos creen que siempre seguirá
igual: creciendo y haciendo dinero. Nadie se
pone en el caso de que esa burbuja tarde o
temprano reventará. Así fue como se crearon
los grandes desequilibrios que culminaron
con la actual crisis.
Un Poco de Historia
Aunque resulte chocante para algunos, lo
cierto es que el dólar es responsable del actual
desorden financiero que tiene en aprietos a
todo el Sistema Monetario Internacional. La
actual crisis es consecuencia del rompimiento
de los acuerdos de Bretton Woods aquel 15
de agosto de 1971, que dejó al dólar como
la divisa internacional y a Estados Unidos
cumpliendo un rol hegemónico en el concierto
mundial que le exigía aquella conducta
responsable que nunca tuvo. El FMI da cuenta
de cómo se pretende abandonar al dólar como
divisa internacional, para crear una divisa
estilo “Bancor”, la propuesta keynesiana de
los años 40 que no fue considerada por el
triunfalismo estadounidense tras la segunda
guerra mundial. Como vemos, el problema
es profundo, y cala hondo en el paradigma
financiero que hemos conocido. Estados
Unidos hizo creer al mundo que el dólar
podría cumplir con las condiciones que exigía
el patrón oro para una globalización
sostenible. Pero no fue así.
La actual crisis es causa crucial de esa
trasgresión que se produjo a principios de
los años 70, que abandonó los patrones
de la gobernabilidad para dejar al sistema
a merced del neoliberalismo a ultranza.
Esto lo describimos en un artículo anterior,
Al borde de la Quiebra
Ahora, es el propio FMI quien señala la
necesidad urgente de cambiar al dólar
como moneda de reserva para dejar la
divisa internacional en manos del Bancor,
es decir, en una moneda que refleje
las condiciones reales del comercio
internacional. Como lo hemos advertido:
el dólar tiene los días contados como
moneda de reserva. Y si esto comienza
a decirse desde el interior de la misma
institución que elevó al dólar a la categoría
de divisa internacional, por algo será.
La acumulación sin precedentes de los
actuales desequilibrios en cuenta corriente,
la volatilidad de los enormes flujos de
capital especulativo que cruzan fronteras
y conllevan una fuerte acumulación de
divisas en algunos países y profundos
déficit en otros, ha implantado el actual
entorno caótico donde el gran perdedor
ha sido el capitalismo productivo.
A modo de ejemplo, en los últimos años
la acumulación de reservas ha alcanzado
el 13% del PIB mundial, triplicando los
niveles existentes el año 2000. Gran
parte de estas reservas se concentran en
dólares de Estados Unidos, país que se
acerca a un nivel de deuda del 400% de
su PIB, situación altamente preocupante
y que explica el actual estancamiento
de la primera economía del planeta,
consumidora del 50% del PIB mundial,
y que amenaza con provocar una nueva
recesión global. Por eso que otra de las
propuestas es crear una verdadera divisa
mundial, que sea independiente de las
monedas de los países, algo que sin duda
creará muchos conflictos de intereses
pues todos los países grandes querrán
tomar parte y hacerse de su porción de
la torta. Lo único cierto es que el actual
sistema hace agua por los cuatro costados
y ya no da para más. Por eso que esta
primera aproximación es para dar cuenta
de los profundos cambios que se tejen en
las propias entrañas del sistema del cual
somos parte, y que tanto los gobiernos
como las instituciones prefieren ignorar,
defendiendo tal vez mezquinos intereses.
¿Qué les parece?
AUTOR : Lucio Agustin Torres
FUENTE : PAGINA 15 EDICION IMPRESA, SETIEMBRE 2010
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